
Para añadir más incertidumbre, el ideal de belleza cambia con los siglos. Así en la prehistoria se alababan las caderas anchas y los pechos poderosos que representaban la fertilidad. Los griegos buscaban rostros angulosos y la simetría de las formas. Las mujeres grandes y blancas, que incluso bebían vinagre para provocarse anemias y lucir un color cadavérico, durante la Edad Media y la Moderna. Los grandes pelucones, los polvos blancos, lunares falsos y mejillas sonrojadas del siglo XVIII.



La extrema delgadez, cadaveres andantes, del siglo pasado, tendencia de la que estamos saliendo a tiempo.

Esto demuestra que no existe, ni existirá unos estándares universales sobre lo bello y lo horrendo. Cada persona de este mundo tiene su visión, cada una igual de importante. Somos nosotros los que decidimos lo que es bello y lo que no, por ello, afirmo que la belleza está muy lejos de los cánones estéticos, sino más bien dentro de cada uno. Es cuando sonreímos cuando somos bellos, cuando nos sentimos felices brillamos con luz propia. Es la seguridad en uno mismo lo que nos hace bellos.

Teniendo muy presente lo anterior, el maquillaje y los cuidados de belleza son herramientas para divertirse amándose uno mismo. Colores y brochas para resaltar nuestros rasgos. Pintalabios para seducirnos enfrente del espejo. No utilicemos el maquillaje como caretas, detrás de las cuales esconder nuestros defectos, pues somos únicos y es ahí donde está la belleza.

Espero que os guste este blog, porque lo voy a hacer con mucho cariño y entusiasmo. Este mundo me apasiona y me gustaría compartirlo con vosotros.
Ya estoy esperando el primer truco ;-)
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